SE ACABARON LOS TEMPLOS,
los
dioses, los altares,
el
agónico rezar de los humildes,
el
cobarde llanto de los necios,
los
que embalsaman, con cultural interés,
todo
el futuro,
y
los que se marchitan entre esquinas y recuerdos....
Con
cruel tenacidad
parimos
nuestros hijos al vacío,
y
jugamos en patético escenario,
a
la farsa de la voz crucificada
y
al sórdido zarpazo del instinto;
para
llegar a ser, sin pretenderlo,
el
eco de un cadáver vigilante,
que
malvive del silencio de los muertos.
Permanecen...¡Tú
ya sabes!, tiempo sólo,
la
precisa geografía de tu cuerpo,
el
perfil de tu guerra inacabada,
y
un hastío que solloza y estrangula,
ya
sin miedo,
la
serena esperanza de la nada......